LA ERA DE APRENDER CON VÍDEOS

Siete de cada diez usuarios que navegan en YouTube lo hacen para aprender sobre una temática. El mundo da la bienvenida a los edutubers.

Sergio Llano Gonzales es un ingeniero mecánico que desde hace 27 años dicta clases en colegios del Valle del Cauca. Trabaja en el corregimiento de Tenerife, del municipio de Cerrito. Allí, en medio de un paisaje con cultivos de cebolla larga y papa, dicta sus clases de física para jóvenes de bachillerato. Pero desde hace cinco años alterna la docencia con su rol como uno de los  youtubers de educación más populares del país en YouTube.

Para entender el alcance que han tenido sus clases en línea hay que ver los números de audiencia detrás de su canal, Profesor Sergio Llanos. Uno de sus videos más vistos suma por sí solo más de un millón de reproducciones y más de 1.500 comentarios, en su mayoría de agradecimientos desde diferentes países. En este explica, durante 10 minutos y en una toma sin cortes, un problema de física básica: la suma de vectores con método de componentes rectangulares.

Pero el caso del profe Sergio no es aislado. La mayoría de los usuarios registrados en todo el mundo que consultan videos en YouTube lo hacen buscando contenidos de educación. Según esta red, cerca del 70% de los usuarios registrados pretenden aprender una temática: desde cómo sacar una mancha de la ropa o preparar un viaje a Europa hasta resolver ecuaciones lineales.

Este creciente interés lo descubrió hace diez años el ingeniero colombiano Julio Ríos Gallego, quien llegó a YouTube con videos sobre matemáticas para apoyar sus clases presenciales. Lo hizo en una época en la que poco se hablaba de monetización o de Influenciadores. Ahora es el youtuber de educación con más seguidores en Colombia, y uno de los más prestigiosos en la región.

“Comencé con una cámara muy sencilla de cuatro megapíxeles, en el año 2009. Después pasé a una filmadora, y desde hace unos seis años utilizo mi teléfono celular. Ese es mi equipo de producción, y también aprendí a hacer edición de video, iluminación; todo muy casero, pero echándole muchísimas ganas para sacar adelante este proyecto”, cuenta.

Se retiró de los salones de clases habituales y se dedica de tiempo completo a su canal y a llevar su salto al mundo digital.

“Lo que pretendo es quitar esa percepción de que las matemáticas son difíciles o aburridas. Las hago paso a paso, con mucho detalle, revelando algunos trucos y con mucha tranquilidad en la explicación” dice. Su perfil en YouTube, Julio profe, cuenta con más de 3’500.000 de suscriptores y tiene una decena de videos con entre dos y tres millones de reproducciones cada uno, en los cuales desarrolla problemas de factorización de trinomios o sistemas de ejecución lineales , entre otros ejercicios matemáticos.

YouTube no tiene el propósito de reemplazar la escuela o la universidad. Lo que sí vemos es que estos canales brindan una atención personalizada a los estudiantes”

Él y cómo desde lo académico ha construido una audiencia digital son el ejemplo para una generación de edutubers, como se autodenominan. Y lo es también para la misma plataforma, que reconoce en ellos la evolución de una apuesta que nació en 2005 e inicialmente no fue pensada para la educación. A diario se publican más de un millón de contenidos que enseñan.

Las más recientes polémicas en contra de la plataforma se han centrado en el algoritmo para recomendar videos, la proliferación de noticias falsas, como la desinformación en tiempos electorales o los contenidos que van en contravía de hechos científicos comprobados, como las campañas antivacunas, las falsas teorías sobre un planeta tierra plano o conspiraciones sobre cómo el hombre nunca llegó a la Luna. Ante esto, YouTube responde que ha tomado medidas y continuará borrando contenido supremacista y regulando publicaciones que violen sus políticas y puedan  vulnerar a las personas.

Antoine Torres, responsable de alianzas de contenido de educación en América Latina para la firma, reconoce el reto. “Sentimos esa gran responsabilidad hacia los usuarios”, reiteró en conversación con EL TIEMPO desde el YouTube Space de Río de Janeiro, uno de los estudios de creación que la plataforma tiene en diez ciudades del mundo para entrenar a creadores de contenido.

“En educación, pensamos facilitar la identificación de fuentes confiables. No puedo dar detalles, pero estamos discutiendo en forma con los educadores para entender sus sugerencias y qué funcionaría”, agrega.

En ese contexto, la plataforma reunió en Brasil a los profes Julio y Sergio y a otros 170 edutubers en la #EduCon, una convención de educadores que han construido audiencias en esa plataformas. El espacio planteó la discusión sobre cómo garantizar la calidad de la educación y la responsabilidad que esto conlleva. “Es un reto grande. Por un lado, desde el producto mismo hicimos algunos cambios. Estamos destacando el contenido de fuentes confiables de información, cuando se trata de noticias de última hora. Entre otros, también damos menos espacio a contenidos que puedan estar en el limite ético, brindando contexto a algunas temáticas, por ejemplo, agregando links que llevan a artículos de Wikipedia”, señala Torres.

El año pasado, la firma anunció una inversión de 20 millones de dólares para YouTube Learning, un programa que incluye a 75 creadores de contenidos, 25 de ellos en Latinoamérica, en la potencialización de sus videos educativos. Desde hace unas semanas empezó a implementarse la funcionalidad de ‘Listas educativas’, que buscan organizar el mejor contenido educativo y destacarlo para los usuarios en sus búsquedas.

“YouTube no tiene el propósito de reemplazar la escuela o la universidad. Lo que sí vemos es que estos canales dan una atención personalizada a los estudiantes. Si alguien no entiende un problema matemático, puede ir a YouTube y ver el vídeo una y otra vez hasta entenderlo. Ese es un complemento muy bueno con la escuela, que les permite tener mejores resultados”, concluye Torres.

En el 2018, los vídeos con las palabras ‘cómo hacer’ en el titulo acumularon más de 4,5 billones de horas vistas. El debate ahora es cómo lograr que las respuestas disponibles se enfilen del lado del conocimiento y lo verificable, está en la rigurosidad y la confianza construida con las audiencias.

Fuente: El Tiempo

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